Por: Mariana Escalante*
Para citar este artículo: Mariana Escalante, “Las mujeres en las Dos Sesiones de China”, Blog del Grupo de Estudios Sobre Eurasia, 11 de marzo de 2026, [https://euroasiaticos.blogspot.com/2026/03/las-mujeres-en-las-dos-sesiones-de-china.html]
Fang
Yan, abogada y diputada de la Asamblea Popular Nacional.
Fuente:
Feng, H. (2026). 人大代表方燕:将新业态劳动者纳入劳动合同法保障. Caixin.
El 4 de
marzo de 2026 iniciaron los trabajos de las Dos Sesiones (两会 Lianghui), momento fundamental para la
dirección política en China, pues reúne a la alta legislatura -la Asamblea
Popular Nacional- y el principal órgano consultivo político -la Conferencia
Consultiva Política del Pueblo Chino-. Constituyen el principal espacio de
deliberación política anual del país.
Este año, las Dos Sesiones adquieren
particular relevancia, pues coinciden con el inicio del XV Plan Quinquenal de
China que abarca el periodo 2026-2030. Durante estos días se delibera sobre el
marco a través del cual se orientará el desarrollo económico y social del país
de los próximos cinco años. La atención suele concentrarse en el crecimiento
económico, las propuestas legislativas generales, la tecnología y otros motores
de desarrollo, así como en la posición internacional china.
En el marco del 8 de Marzo (8M), Día Internacional de la
Mujer, me interesa particularmente observar el lugar que ocupan las mujeres -o
la manera en que participan y son mencionadas- dentro de esta hoja de ruta
quinquenal.
La principal actividad fue la recepción organizada por la Federación Nacional de Mujeres de China para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, llevada a cabo el 6 de
marzo. Es común, dada la coincidencia de las Dos Sesiones con el 8M, que se
publiquen reportajes sobre diputadas y consejeras políticas, destaquen
historias de las representantes o se organicen eventos y piezas mediáticas.
En dicha recepción, Shen Yiqin,
Consejera de Estado y presidenta de la Federación Nacional de Mujeres de China,
además de visitar una exhibición sobre el uso de la tecnología e Inteligencia
Artificial para empoderar a niñas y mujeres, enmarcó en su discurso la
integración de las mujeres dentro de la política nacional:
Durante el período del 15º Plan Quinquenal, los cientos de
millones de mujeres de China asumirán con valentía las importantes
responsabilidades de su época, escribirán un glorioso capítulo femenino de
esfuerzo y progreso, y contribuirán con su sabiduría y fuerza a la gran causa
de la construcción de un país fuerte y el rejuvenecimiento nacional.
No
sorprende que esta idea vaya en consonancia con las felicitaciones que Xi Jinping pronunciara durante la cuarta sesión del XIV Comité Nacional de la Conferencia Consultiva
Política del Pueblo Chino en las que retoma el famoso lema maoísta “Las mujeres
sostienen la mitad del cielo” (妇女能顶半边天 funü neng ding ban bian tian). En su mensaje, dirigido a las
mujeres que participan en las Dos Sesiones (representantes de diversas etnias y
territorios), subrayó que ellas deben desempeñar efectivamente ese papel de
“sostener la mitad del cielo”, contribuyendo al desarrollo del XV Plan
Quinquenal.
Esta noción de igualdad ha sido
parte del discurso político chino desde la época revolucionaria. La conocida
frase maoísta “las mujeres sostienen la mitad del cielo” condensa una narrativa
en la que la equidad de género aparece como uno de los logros históricos del
socialismo chino y de la movilización femenina durante la revolución. En ese
sentido, el lema funciona como una síntesis política de la idea de que hombres
y mujeres deben participar conjuntamente en la construcción del Estado y de la
sociedad. La expresión, atribuida a Mao Zedong y ampliamente difundida desde la
década de 1960, subraya precisamente esa noción de igualdad y de contribución
equivalente de las mujeres al desarrollo del país.
Se trata, sin duda, de un discurso
estatal de igualdad que ha sido utilizado políticamente, pero que también ha
configurado la manera en que se presenta la relación entre hombres y mujeres en
el ámbito público. Al mismo tiempo, esta narrativa cuestiona la inteligibilidad
del feminismo chino desde categorías occidentales. Ya desde 2005, Wu Yenna
señalaba que desde Occidente se asumía que “[...] las mujeres de China eran
oprimidas por los hombres y dieron a entender que estas mujeres necesitaban ser
liberadas y tendrían que conseguirlo a través del feminismo occidental” (p.
30). La tensión entre estas dos miradas, la narrativa oficial de igualdad y la
percepción externa de subordinación, sigue presente en el debate contemporáneo
sobre las mujeres en China.
En ese marco discursivo debe entenderse también la forma en
que algunas intelectuales chinas interpretan hoy la relación entre hombres y
mujeres. En la misma reunión, en una entrevista al aire libre, en la Plaza de
Tiananmen, la profesora de la Universidad Minzu, Meng Man, miembro del Comité
Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino y
vicepresidenta adjunta de la Federación Nacional de Mujeres de China, mencionó:
[...] cuando el presidente Mao dijo que «los hombres y las
mujeres deben avanzar juntos, como el sol que sale por el este»[1], lo
importante es preguntarnos cómo lograr verdaderamente que hombres y mujeres
avancen juntos, en lugar de la llamada confrontación de género que vemos hoy en
día, o los debates sobre quién es más importante o quién pesa más. Debemos
evitar esos temas.
Mi
lectura es que se trata de un enfoque -probablemente vinculado al discurso
estatal- que no interpreta la relación entre hombres y mujeres como una
confrontación de género en el sentido en que suele plantearse en ciertos
debates occidentales. Declaraciones como ésta permiten observar no sólo cómo se
formula oficialmente el tema de la equidad, sino también cómo esa manera de
entender la igualdad ha sido retomada por algunas intelectuales chinas, quienes
sostienen que desde hace tiempo se ha alcanzado un nivel significativo de
equidad (Wu, 2005, p. 29-30).
No es objeto de este texto adentrarme en el debate entre el
feminismo occidental y el feminismo
chino, ni establecer cuál sería preferible. Sin embargo, la experiencia
personal ha servido para cuestionarme sobre la pertinencia -o no- de insertar
una mirada occidental para interpretar el feminismo chino, o incluso para
evaluar la situación actual de las mujeres en China, sus logros y necesidades;
puesto que en muchos aspectos han avanzado mucho más que nosotras (Escalante,
2022).
Las necesidades, sin embargo,
también presentan lugares comunes. Como lo menciona la abogada Fang Yan,
Diputada de la Asamblea Popular Nacional, supervisora de la Asociación de
Abogados de la provincia de Shaanxi y socia principal del bufete Beijing Jincheng
Tongda:
En la actualidad, con la aparición de nuevas formas de empleo, hay muchas mujeres que participan en el mercado laboral. Sin embargo, la situación del empleo femenino es diferente del masculino, porque las mujeres enfrentan situaciones particulares como el embarazo, el parto, el periodo menstrual y la lactancia, entre otras. En estas etapas, las mujeres deben afrontar presiones laborales y condiciones de trabajo específicas, por lo que sus derechos deberían perfeccionarse y garantizarse mediante reformas y mejoras en el marco legal[2].
Esta
preocupación aparece en un contexto en el que la presencia femenina en la
política nacional ha aumentado gradualmente. En la actual legislatura, el
número de mujeres diputadas en el Congreso Nacional del Pueblo es de 790 (de un
total de 2,977 representantes), lo que equivale al 26.54%, el mayor porcentaje
en la historia.[3]
Asimismo, su participación no se limita a la defensa de derechos asociados
exclusivamente a las mujeres. Las delegadas también plantean preocupaciones más
amplias: la mejora en la producción agrícola y la calidad del grano, el cuidado
de las personas mayores y de quienes tienen necesidades especiales, la
promoción del turismo y la cultura, la creación de oportunidades para los
jóvenes en provincias periféricas, así como el uso de tecnologías digitales e
inteligentes como herramientas de empoderamiento y participación económica para
mujeres y niñas, entre otras temáticas.
La presencia de las mujeres en el
marco de las Dos Sesiones y el lanzamiento del XV Plan Quinquenal, puede
identificarse por tanto, al menos dos planos. En primer lugar, en el simbólico,
a través de una representación que, aunque todavía no es plenamente equitativa,
es cada vez mayor como actoras políticas. En segundo plano, como actoras que
demandan mejores condiciones laborales, especialmente en torno a la maternidad
-un tema particularmente relevante en China ante el creciente envejecimiento
poblacional-, lo cual refleja también una visión tradicional del papel de la
mujer vinculada a la reproducción y a la continuidad del Estado.
Al mismo tiempo, diputadas con la abogada Fang Yan,
cuyo trabajo se ha centrado en los
derechos de las mujeres, han logrado colocar en la agenda temas como la
violencia doméstica, eliminar el periodo obligatorio de reflexión para el
divorcio en estos casos y la necesidad de una coordinación institucional entre
la Federación de Mujeres, el registro civil, la policía y el sistema judicial.
Antes de escribir este texto me preguntaba hasta qué punto aparecerían las mujeres en un evento político que sigue siendo predominantemente masculino. Su presencia es visible y cada vez más reconocida y aunque esa visibilidad se inscribe dentro de un discurso político inclusivo, continúa mediado por prioridades estatales más amplias. Las mujeres aparecen, participan y deliberan, pero lo hacen dentro de una estructura política cuyo horizonte último sigue siendo el desarrollo nacional. Tampoco es una cuestión excepcional ni exclusiva de China, sino más bien, condensa muchos otros contextos políticos en el mundo.