China, Estados Unidos y la OMC: ¿una historia que se repite? (Artículo de opinión)

noviembre 25, 2020

 Por Rosángel Hernández*

La disputa comercial que China y Estados Unidos han mantenido durante ya casi tres años no es la primera. En la década de los noventa, se enfrentaron por la producción de piratería y la protección a los derechos de propiedad intelectual en China. Esa disputa se reformuló entre 1996 y 1997, cuando la administración de Bill Clinton optó por “abandonar” la vía bilateral y llevar sus demandas al contexto multilateral: las negociaciones de acceso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Actualmente, el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, planteó como parte de sus propuestas de campaña, hacer un giro comparable al instrumentado por Clinton hace 24 años: cambiar el enfoque de confrontación bilateral en la relación con China, por uno de acción internacional colectiva. En esta breve opinión, señalo las características generales del cambio de política hacia China conducido por la administración Clinton, para concluir señalando qué podría implicar, en materia comercial, que el gobierno de Biden buscara un cambio comparable. 


La disputa comercial de la década de 1990

Igual que la actual, la disputa comercial de China y Estados Unidos en la década de 1990 también se caracterizó por incluir amenazas constantes de ambas partes para imponer aranceles (aunque a diferencia de hoy, no se materializaron), múltiples rondas de negociación que fracasan y se reanudan repetidamente, a veces en una misma semana, y reclamos mutuos de incumplimiento de los acuerdos.

No obstante, esa disputa produjo compromisos más significativos que la actual. Las reclamaciones de Estados Unidos sobre protección de derechos de autor llevaron a la firma tres acuerdos bilaterales con China: en 1992, que comprometió a China a actualizar su legislación; en 1995, en el que se obligó a reducir la piratería y abrir su mercado a software, grabaciones y películas de Estados Unidos, y en 1996, para mejorar la implementación. Los compromisos de China en estos acuerdos estaban al nivel, y en algunos casos superaban, a los del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) de la OMC; años antes de que China entrara a la organización.

En el transcurso de la negociación de estos acuerdos, se dio en Estados Unidos un cambio de administración presidencial en enero de 1993 (de George H.W. Bush a Bill Clinton) que, gradualmente, derivó en un cambio de enfoque hacia las disputas comerciales con China. Dicho cambio inició en mayo de 1994, cuando Bill Clinton decidió revertir la política de vincular el progreso de China en materia de derechos humanos, a la renovación del trato de nación más favorecida, una especie de “permiso” que Estados Unidos extendía anualmente para importar productos desde China, sin aranceles especiales.

Entre 1995 y 1996, la relación bilateral cayó en un deterioro profundo –causado por la visita a Estados Unidos del presidente de Taiwán, Li Denghui (junio de 1995)–, que llegó cerca a la confrontación militar en el estrecho de Taiwán. Preocupada por el rumbo que parecía tomar la relación, la administración Clinton decidió buscar el “acercamiento constructivo” (constructive engagement) con China. En este contexto, el presidente Clinton realizó un viaje a Beijing en junio de 1998 que, entre otras cosas, dio un impulso político a las negociaciones de China en la OMC.  


“Multilateralizar” la disputa comercial

El cambio anterior, junto con la impaciencia del gobierno de Estados Unidos por lo que juzgó como una implementación deficiente de los acuerdos sobre propiedad intelectual, llevó a la administración Clinton a desistir del enfoque bilateral y trasladar sus demandas a las negociaciones en la OMC. Probablemente, entre sus cálculos se encontraba la consideración de poder ejercer mayor presión sobre el gobierno chino, vinculando sus compromisos a más países, así como al renovado mecanismo de solución de diferencias de la OMC.

Ese traslado de la disputa comercial al ámbito multilateral incrementó la politización del ingreso de China a la OMC, así como las expectativas de lo que el gobierno de Estados Unidos y de otros países –México incluido– juzgaron que debían obtener a cambio. Esto resultó en la imposición a China de varios compromisos OMC-plus, es decir, obligaciones adicionales y/o más estrictas que las asumidas por otros países. 

Hoy, entre las principales propuestas de campaña del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, se encuentra cambiar el enfoque de la política hacia China, de confrontación bilateral –instrumentado por Trump–, a uno que también podría ser de confrontación, pero colectiva. De acuerdo con su visión –desarrollada en un ensayo sobre política exterior–, “la manera más efectiva de hacer frente al reto de China es construir un frente unido de aliados y socios de Estados Unidos”. En su lógica, “China no podría ignorar a más de la mitad de la economía global”.

Las circunstancias actuales son muy diferentes de lo que eran en la década de los noventa, particularmente respecto al poder económico de China. No obstante, como ocurrió entonces, la disputa comercial actual podría trasladarse nuevamente a la OMC. En los últimos cuatro años, la administración Trump debilitó mucho a esta organización. Si Biden quiere que Estados Unidos “regrese” al liderazgo global –como ha declarado–, parece lógico que recurra a la OMC, para enfrentar a China, en temas comerciales.

Sin embargo, también debemos considerar que un intento de Estados Unidos por llevar al terreno multilateral su disputa comercial con China podría generar expectativas irreales de lo que puede obtenerse al ejercer presión colectiva sobre China; que se repita su historia de ingreso a la OMC, es improbable.

Sin duda, el enfoque de Estados Unidos hacia China debe cambiar, pero no necesariamente por uno de confrontación colectiva. China ya está plenamente integrada en la economía global, tiene un rol preponderante en la recuperación económica actual y es un actor clave para prácticamente todos los temas de la agenda internacional. Cualquier enfoque para tratar con China debe considerar que eso no va a cambiar. 

 

*Directora de Investigación y Análisis en Consultores Internacionales Ansley y egresada de la Maestría en Estudios de Asia y África, con especialización en China, de El Colegio de México

 

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